Homofobia capilar

¡Qué hermoso momento para ser auto-referente!

Ahora, cuando ya se comienza a sentir la primavera en Santiago de Chile, cuando los pajaritos silban, las flores perfuman y el metro está aún más pasao a ala, me surge la necesidad de liberarme de un poco de cabello.Pelo tengo mucho, lo sé, pero me gusta, es diversión, sin embargo, creo que es el momento indicado para dejar mi medio metro de risos dorados atrás antes de que comience a tropezarme con el.

El cambio es radical, pero siempre es el mismo; paso de evangélicacumpliendomanda a cortepelela, aunque no les recomiendo que me crean; me cuesta hablar con la verdad.

Lo importante de todo esto es que, estando en la capitale y, sin conocer las manos de un peluquero/a específico, comienzo a temer de lo que pueda ser de mi. Esta no es la primera vez que me corto el pelo en esta ciudad, pero ha sido aquí donde he sufrido de traumas tan catastróficos que terminé por desarrollar una condición que probablemente es más común de lo que el mundo cree: Homofobia Capilar, y es que son las manos gays las que portan el desastre (por primera vez en mi vida digo esto). Es aquí donde entra la convención social de que todos los gays son buenos peluqueros, y que fue la razón para dejar mi chasca descomunal en las manos de un homo de primer momento… sí, yo también creía en su buen desempeño, porque ya en este plano estamos hablando de lo malos que son los güeco’ pa martillar pero, puta que cocinan rico… ¡Error, mi querido hetero!, no se trague estas patrañas, el talento de un peluquero está vagamente relacionado con el género, aunque hay que reconocer que todo sería más fácil si lo estuviera. Ahora, personalmente creo que los gays, no solo no son especialmente buenos para cortar el pelo, sino que son particularmente malos, estos ya son delirios míos, derivados de malas experiencias, pero los delirios siempre vienen acompañados de fundamentos:

-Puede que muchos de los gays que se dedican al negocio del cabello, como muchos que no lo hacen, piensan que son dueños y señores del buen gusto, en especial cuando de mujeres se trata. Esto de ir al “salówn de bellleza”, explicar medianamente el corte que se desea, y terminar con un gato sentado sobre la cabeza y una voz aguda que te da vuelta la silla, te deja frente al espejo y te dice “Listo, cariño, quedaste estupenda”, porque él consideró que lo que tú le pedías no era suficiente desafío, o que no te quedaría tan bien como lo que él decidió, mientras te lavaba el pelo, que te vendría de maravilla. Después de pasar por esto más de una vez, decidí que simplemente tenía que parar de hacerlo mal y comenzar a hacerlo bien; ¡no más homosexualidad en contacto con mi cuero cabelludo!

Debe ser el hecho de que hay peluqueros que se proyectan en el cliente (esto no solo en el caso de los gays) y piensan “Si yo tuviera este pelo, me haría este corte, me podría esta falda, y me agarraría a ese loquito”, lamentablemente las proyecciones no siempre coinciden con lo que la otra persona en realidad quiere… Sea como sea, la decisión está tomada; este martes, por primera vez, subiré tanto por Vitacura que se me taparán los oídos y pagaré una cantidad desapropiada de dinero por un corte seguro, en manos de un personaje que, por llamarse Fran, supongo ingenuamente, es mujer. (aunque con travestis y cabellos no tengo problema). Good luck with that!

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